¿Por qué cada vez más chicos adolescentes y hombres jóvenes se identifican como transgénero? En el boletín gender:hacked, Sarah Mittermaier conversó al respecto con el psicólogo clínico Joe Burgo. Su respuesta no tiene que ver con una identidad de género innata, sino con una cultura que abandona a los chicos justo cuando deben convertirse en hombres. Burgo lleva años tratando en su consulta a chicos y hombres jóvenes con disforia de género, y observa en ello un patrón que, según él, se subestima de forma sistemática.
Una cultura que fracasa al educar a los chicos
Burgo señala una acumulación de factores: la desaparición de los empleos industriales que antes ofrecían una vía evidente hacia la adultez y el orgullo masculino, la creencia generalizada de que el género es una construcción puramente social, unas directrices terapéuticas que enseguida presentan la masculinidad como «tóxica» y la desaparición de espacios destinados exclusivamente a chicos y hombres. Según él, el resultado es una cultura que, en sus palabras, ya no enseña a los chicos cómo convertirse en hombres.
Dos caminos muy diferentes
Burgo distingue dos grupos que en la práctica suelen meterse en el mismo saco. Por un lado están los chicos que él denomina chicos con ROGD (disforia de género de aparición rápida): por lo general, adolescentes algo excéntricos que buscan una identidad y aceptación social. Por otro lado están los hombres mayores con fantasías de travestismo autoginefílicas de larga duración, que más adelante reformulan su experiencia dentro de un relato transgénero. Según Burgo, ambos grupos se sienten atraídos por «ser mujer» como una vía de escape: los chicos con ROGD encuentran ahí conexión social y una explicación de quiénes son; los hombres mayores experimentan la feminidad como algo menos exigente que la masculinidad: una forma de escapar de la presión de ser hombre.
La obsesión como vía de escape
Burgo describe la identificación trans, especialmente la fantasía autoginefílica, como una «retirada psíquica» —comparable a una adicción— que ayuda a evitar una realidad insoportable y un estrés persistente. El atractivo no reside en el género en sí, sino en la forma en que la fantasía o la identidad proporciona temporalmente un respiro a quien se siente atrapado.
¿Qué funciona entonces en la consulta?
En lugar de abordar directamente la cuestión de género, Burgo centra su práctica en desarrollar la confianza masculina: adquirir habilidades, elaborar planes concretos para el futuro y recuperar el control sobre la propia vida. Según él, la detransición suele producirse cuando alguien se da cuenta de que la fantasía no ha aportado lo que esperaba, o cuando aprende a comprender de otra manera sus propias atracciones y deseos. Para genderid.nl, esto conecta con un tema recurrente: las explicaciones del aumento de la identificación trans que no parten de una identidad de género fija e innata, sino de mecanismos psicológicos y culturales que pueden investigarse perfectamente y con los que, por tanto, también es posible lidiar de otra manera que mediante la afirmación sin más.